martes, 14 de diciembre de 2021

Nuestros años felices...1972-77

 

Pocas veces una imagen evoca tantos recuerdos, emociones tan variadas.

La foto corresponde a la 1ra. graduación del Curso Para Trabajadores de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la Habana.

Algunos identificarán a muchas de las personalidades de la cultura que en él tomaron parte, aunque faltan muchos más que no estaban presente a la hora de tomar la foto en la escalinata junto al Alma Mater, pero  que si estuvieron presentes en el acto de graduación efectuado en el Teatro de la CTC

Este Curso que, en un principio respondió a una necesidad puramente económica de las instituciones culturales que rigen en el país, se convirtió en el lugar donde interactuaron durante cinco cursos escolares, diferentes generaciones de artistas, directores de teatro, personal  de las diferentes instituciones como museos, casas de cultura, galerías y bibliotecas, directores de la televisión, la radio, el ICAIC, escritores , etc, se reunieron para adquirir más y mejores herramientas para desempeñar sus puestos de trabajo.
Para ello contaron con profesores de muy alto nivel, como Rosario Novoa, quien a pesar de su avanzada edad era capaz de subirse a un autobús para cumplir con su hermoso trabajo, Ma. Elena Jubrías, Roberto Segre, quien nos enseño que hasta para fregar platos hacía falta un diseño y cuyas clases eran un derroche de tecnología, Luz Merino, la profesora más dulce que he conocido, Guillermo Rodríguez Rivera, quien tantas veces nos acompañó a la Casa de la FEU, Amado Palenque, Bohorques, con sus inolvidables seminarios de Filosofía los sábados por la tarde, Lazara Menéndez y su amor por el arte africano, Teresita Crego y sus anécdotas en bikini,  y algunos más que nos hicieron avanzar por el largo camino del conocimiento de las artes y la cultura.

En un principio, se suponía que frecuentaríamos las clases de una carrera denominada Cine, Teatro , Televisión.  Pero pronto se dieron cuenta que no se contaba con el personal para ello y nos derivaron hacia carreras de humanidades como Arte General , entre otras.  Pero eso no afectó el interés de la mayoría de los matriculados por conseguir aumentar su bagaje cultural. Como tampoco nos afectó la escasez de materiales, ni de libros.  Fue un motivo que nos unió más aún, pues se crearon como especie de equipos de trabajo: unos grababan las clases, otros las transcribían, unos aportaban el papel, otros las imprimían y así llegaban a todos los materiales necesarios.  Y los profesores también colaboraron entregándonos clases, resúmenes que después eran reproducidos para todos.

Realmente fue una experiencia extraordinaria, de la que quedaron no solo los recuerdos sino amistades que perduran en el tiempo



lunes, 12 de octubre de 2020

Las Discotembas




Al volver de distante ribera -entiéndase España, de visitar a mis hijos y nietos, en el año 2001, me percaté de que tenía demasiado tiempo libre (aún cuando seguía con mis clases de Inglés), demasiados deseos de vivir mi propia vida (me encontraba "libre") y...de bailar.

Mi familia siempre ha sido muy amante del baile, y yo no me quedé atrás.  Ya desde muy pequeña, me paraba delante de la televisión a ver bailar a Tongolele y a imitarla.  Y poco a poco el baile se convirtió en una de mis pasiones, además del estudio, el piano, el cine y la lectura.

En mi adolescencia aprendí a bailar, vals danzón, son, cha-cha-chá, calypso, rock'n roll, twist, charlestón, pilón, mozambique y cuanto nuevo ritmo salía a la palestra. El salón de la casa de mi tía abuela Irene en el Callejón de Espada, la Habana Vieja,  era nuestra pista de baile.  En ella, Gilda, Manola y yo pasábamos horas y horas escuchando discos en su pequeño tocadiscos portátil y bailando a nuestras anchas.

 Y cuando mis amigas comenzaron a celebrar sus fiestas de 15, me aficioné a bailar en las coreografías de las mismas -ironías del destino-, en el año que yo los cumplí falleció mi abuelo y no pude celebrarlos a la usanza, pero tuve mi pequeño " motivito". Lo mejor de las fiestas quinceañeras era el "pique", que se celebraba al día siguiente solo para las 15 parejas que habían bailado el vals. Y me hice asidua a los que montaba mi amigo Tito.  Una noche en que ensayábamos unos quince en un Circulo Social en Playa, vimos como una lancha entraba y disparaba ráfagas siendo perseguida por los Guardacostas.  Por suerte, no hubo que lamentar víctimas mortales ni heridos, pero pasamos tremendo susto.

Como mi novio era buen bailador, asistíamos a muchas fiestas y centros de recreación nocturnos.  Incluso, una vez en el Parisién,  tuve la dicha de compartir con bailarines profesionales como Rolando, el compañero de Anisia, que les aseguro no bailaba con cualquiera.

Al cabo de los años, ya trabajando en Cultura, me casaría con un profesor de danza y aprendería los bailes representativos de los Orish;as; el baile de la tempestad de Oyá con el movimiento constante de la mano en la que simula llevar su iruke para librarnos de todo mal; la danza de los mares de Yemayá en el que las faldas y las manos simulan las olas del mar que pueden reflejar una fuerte marejada o un bello mar en calma; el baile de Elegguá que abre y cierra los caminos simulando ir separando las ramas con su garabato; los pasos lentos del anciano Obatalá que se encorva y se menea el baile de Ogún, guerrero y dueño del monte- un gran trabajador que simula el corte de la hierba con su machete; la más sensual, Oshún, con sus movimientos de caderas y sus brazos extendidos llena de voluptuosidad que enamora a quien la ve; y Shangó, el dueño de los tambores batá y el macho por excelencia blandiendo el hacha y tocándose los testículos.

También pude conocer de bailes latinoamericanos como la cumbia y el carnavalito y mil danzas más. Y aprendería no solo sus historias, sino sus coreografías y otros elementos que elevaron mi bagaje cultural.  Incluso llegué a colaborar en el montaje de las comparsas de La Lisa, entre otras.

Por todo ello,, cuando regresé en el 2001 me di cuenta que eso faltaba en mi rutina: el baile y así fue como con la ayuda de amigas y vecinas comencé a frecuentar las DISCOTEMBAS, lugares a los cuales asistían los adultos y algunos jóvenes, pues ofrecían matinées bailables a precios asequibles, además de un buen ambiente, con música de los 60-70-80 muy del gusto de los "tembas" (mote con el que se nombra en Cuba a los mayores de 40).

Primero fue la Red.  Ahí me estaba 4 horas bailando sin parar en compañía de mis amigas Martha y Lourdes, y consumiendo sólo dos cervezas en toda la tarde. Allí conocí a un compañero de baile, Ernesto, con el que parecía haber bailado toda la vida, pues nos acoplamos super bien.  Recuerdo que, cuando me fracturé la muñeca, no dejé de ir y bailábamos sin parar, y nos hacían coro. Más tarde fue La Maison, y mis vecinas las Moré me decían que no comprendían como yo, siendo la mayor del grupo, siempre encontraba compañero.  Y era porque bailar es un don de los dioses.  El baile es como la música, hay que sentirlo y dejar que el cuerpo se llene de él para entonces liberarlo.

Junto con estas dos, empecé a frecuentar la Casa de la Música de Playa con Martha que es rockera y el Teatro Nacional.  Yo, sinceramente, soy más vanvanera.  Y así fue como me vi visitando el Salón Rosado de la Tropical y disfrutando como la que más. 

Y créanme, no me dolía nada y mantenía un peso y una agilidad envidiable para mi edad.  Eso es una de las cosas que más extraño en mi nueva realidad.




miércoles, 29 de julio de 2020

Los Primos de crianza... otro regalo de los dioses

Como si el haber tenido más de 27 primos consanguíneos no hubiese sido suficiente, la vida me premió con un buen número de "primos" de crianza la vida me concedió un sinfín de primos de esta clase y que jugaron un papel tan importante en mi vida como los verdaderos.

Con ellos conviví gran parte de mi vida, y aún algunos forman parte de mi existencia cotidiana.  


Empezaré por mencionar los de la familia MONTEAGUDO ABAD: José Rolando, Juan Ernesto, Elda y el insustituible ABRAHAM ERNESTO  (en esta familia, a la que considero como propia, conocían la IMPORTANCIA DE LLAMARSE ERNESTO   ja ja ja. En la foto a la derecha, José Rolando detrás y Juan Ernesto con la guitarra (Nito y Nesti).


Mi relación con ellos comenzó a finales de los 50 y aún, con ellos formé mi primera pandilla del barrio y, a día de hoy, se mantiene con los que aún viven y con sus hijos y nietos.  Con ellos era con los únicos amigos que mi exigente madre me dejaba salir de noche.  Ibamos a jugar golfito en los bajos del Parque Almendares o a Tropicana que nos quedaba cerca y donde "cogí" mi primera borrachera de la cual surgió una frase que aún hoy nos hace reír:  "veo lucecitas con chichones". Junto a ellos fumaba cigarrillos mentolados y me iba a la guarapera del barrio de Belén a tomar guarapo "gratis" ya que Branci trabajaba allí con los hermanos Curbelo hasta que fue llamado al SMO.  Cuando su madre Elcida se iba a Camagüey a ver a su familia, yo me quedaba "al mando", lo cual no fue óbice para que una vez Nito (José Rolando) por poco le prendiera fuego a su casa haciendo un experimento.  Su cumple era un día después del mío, por lo que a veces los celebrábamos juntos. En más de una ocasión fueron los testigos de mis bodas. Y Juan Ernesto ha sido el Guardián de mi salud.

 La temprana desaparición física de José Rolando causó un dolor inmenso en nuestros corazones, y Branci y yo nos sentimos aún más unidos.  Fue una unión a prueba de fuego, que perduró hasta su muerte que dejó un gran vacío en mi vida y en mi corazón.

Las hermanas Besson, Yolanda y Gilda,La imagen puede contener: 2 personas fueron mis hermanas y amigas hasta que la muerte nos separó.  Eran las sobrinas de mi tía abuela Irene, y con ellas compartí desde la niñez bautizos, cumpleaños, bodas y el día a día.  Mis fines de semana en su casa del Callejón fueron inolvidables. Con ellas aprendí a montar patines en la Avenida de las Misiones, bicicleta en Cuba 8, a buscar el pan en la panadería de Chacón, y...a limpiar los muebles ja ja ja.  También compartimos excursiones La imagen puede contener: 2 personasy las salidas al Verdún, donde además de las pelis se podía disfrutar de las estrellas pues su techo era móvil y además, saborear los riquísimos helados naturales de los chinos de la esquina de Virtudes.  Allí aprendí a bailar rock'n roll y escuché a los Beatles por primera vez.  Cuando el boom de las bodas, Yolanda también entró en el team.  Fue una relación en la que nunca hubo ni un sí ni un no, nos queríamos como hermanas y como tal actuamos a lo largo de nuestras vidas. En esta foto están presentes tanto las Besson, como las Hernández como los primos de sangre, compartiendo todos como una gran familia.

Mis primas las Hernández.  Eran sobrinas de mi madrina Josefina, y vivían con ella al lado de mi casa, así que tanto Victoria, como Luisito,La imagen puede contener: una persona como José Luis, como Margarita fueron como mis hermanos. (Lo interesante es que pudimos haber sido hermanos pues su papá , Luis Hernández,La imagen puede contener: una persona fue el primer novio de mi mama y era el hermano de mi madrina Josefina Hernández) Vicky también engrosó el equipo de las bodas y la maternidad, y se mantuvo a mi lado hasta que la cruel enfermedad se la llevó.  Cuando me vine a España en el 2010, su hermano Luisito me llamaba todas las tardes para desearme un buen día, hasta que su cuerpo no pudo batallar mas.  Ahora converso casi a diario con Jorgito La imagen puede contener: una persona, gafas y primer plano y Mayita, y recordamos los buenos tiempos del Cerro.

Los Ayala Balmaseda.  A mi izquierda, Clara junto al resto del familión, incluídos mi prima Nela, de la familia de los Zayas.

A ellos me une algo fantástico, a partir de una fecha que es clave en nuestras vidas: el 26 de agosto.  Tanto Clara como Carlos han ocupado un lugar preeminente en mi vida. Cuando ya no tuve a mis padres, Esther y el resto de su familiaLa imagen puede contener: 7 personas, personas sonriendo me acogieron como una hija, y ellos me ayudaron mucho a aliviar mi dolor.  Se han mantenido a mi lado durante décadas, en las buenas y en las malas, y nunca olvidaré las palabras de Carlos cuando llegó al velorio de mi madre.  Yo estaba sentada en una butaca en el balcón de la funeraria de 70 en Playa ( lugar al que mi madre nunca quiso ir a vivir, y en el que pasó su ultima noche de cuerpo presente), y estaba agotada y el al verme dijo:"No la molesten, déjenla dormir" con. un gran dolor expresado en su voz.

Lo mejor de estas relaciones, es que no se quedaron sólo en nosotros, sino que han continuado en nuestros hijos, quienes también han asumido a éstos como sus "primos" , manteniendo vivo el legado de sus padres.

Los Primos, un regalo de los dioses...


Ser miembro de una familia numerosa, es un regalo de los dioses.  Gracias a que en sus tiempos no existía ni la tele ni el internet, mis  abuelos maternos (y los paternos, igual) tuvieron 8 hijos de los cuales, conseguí unos 27 primos.  Se dice fácil, pero fueron parte integral de mi infancia.  Sobre todo, los mayores: Elsa, Regina, Miguelito, Ernestico y Sabina.Aquí estamos de izquierda a derecha; Miguelito, Ernestico, Cuca (Elsa) y yo en el centro, la más pequeña del grupo.  Y eso me costó no pocos problemas con ellos, pues además de ser la más pequeña, era la preferida de mi abuela en esa época.Esta es Sabina y ésta,  es Regina.
Para que os hagáis una idea, algo que era muy común en esa época, una foto de una cena familiar donde concurrieron casi todos, como veréis, no hacían falta más invitados. ja ja jaNo hay descripción disponible. Menos mal que en esa época podíamos darnos esos lujos.

Los días más especiales eran los domingos, cuando se reunían todos, hijos y nietos, en casa de mi abuela materna, Angelina. Sobretodo, los Días de las Madres. Era diversión a tope.  Sobretodo, cuando nos escapábamos a la Loma del Mirador en el Diezmero a tirarnos en yaguas.  Y, al regreso, nos metían a todos en una poceta que mi padre le había construido a mi abuela y nos bañaban a todos juntos, y los mayores se llevaban una buena tunda por haberse escapado y haberme llevado con ellos  (juro que no era mi culpa), aunque después, ellos se la descobraban halándome las trenzas hasta hacerme llorar o me enrollaban los vellos de los brazos y después, había que cortarlos pues no se desenrollaban.  Aún así, yo me sentía feliz con ellos.

  • Los días de Nochebuena, enrollábamos estropajos de aluminio con un cordel y le prendíamos fuego, y parecían luces de  bengala.  Era muy divertido.  Y, sobretodo, que esa frase de "no hay cama pa'tanta gente", en mi casa nunca tuvo lugar.  Mi casa daba cobijo a todo el que quisiera quedarse y los primos dormíamos todos juntos.  Éramos tan felices y no lo sabíamos.  Con mis primos paseaba, jugaba, íbamos a CMQ a buscar autógrafos, al cine y hasta a misa.  Con ellos hice mis primeras salidas de adolescente a lugares como el Cine club de 23 y 12, a clubes nocturnos o restaurantes como el Polinesio o El Conejito, a la playa sin mis padres y cuando comenzamos a prometernos, salíamos juntos con nuestros novios y éramos nuestras propias chaperonas. Estábamos tan unidas, que cuando la primera decidió casarse, las demás le seguimos y hasta tuvimos nuestros hijos más o menos al mismo tiempo.  

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, algunos ya no están físicamente entre nosotros, pero los que quedamos vivos no los olvidamos y, sobretodo, mantuvimos nuestros lazos hasta la muerte.

miércoles, 13 de mayo de 2020

2020 "AÑO DE LA RATA"...HUYE GENTE QUE TE COGE EL COVID



2020  "AÑO DE LA RATA"...HUYE, GENTE, QUE TE COGE EL COVID

Cuando empezó este año, yo, como buena RATA (horóscopo chino), me puse super-contenta pues
consideré que sería un año magnífico: ILUSA DE MI.  Si bien empecé el año con muy buen pie, disfrutando a tope de todos los eventos, actividades, etc. que ofrecía la ciudad, muchos de ellos
gratuitos , sólo   pude disfrutar de las mismas hasta el mes de marzo en que hizo su aparición ese MONSTRUOSO VIRUS LLAMADO COVID 19.

Esta PANDEMIA, como ha sido denominada por la OMS, comenzó su mortal andar por Wuhan una ciudad China, y de ahí, se ha expandido por todo el mundo, causando cientos de miles de muertes de todas las edades y sexos, sin respetar siquiera a aquellos que lo dan todo por combatirla, y que han sido los que han llevado la peor parte en el devenir de los días.  La situación mundial es caótica, esta crisis no es sólo sanitaria, sino que estamos avocados a la peor crisis económica que haya sufrido el planeta, y, lo peor, es que ni sabemos cómo ni cuando llegará a su fin.  Unos dicen incluso que este CORONAVIRUS, al igual que otros ya existentes, ha llegado para quedarse.

El personal sanitario y los investigadores de todo el planeta están a la búsqueda de métodos para su cura, de tratamientos preventivos (vacunas), la implantación de medidas de protección, aislamiento social,y otras fórmulas para evitar la propagación y el contagio.  Pero hasta ahora, sólo hemos visto como ha ido evolucionando cada caso, unos hacia su recuperación y otros hacia su desenlace fatal.  Todos los días surgen ideas esperanzadoras, pero no son más que eso, ESPERANZAS.  

Y mientras, el mundo sigue su marcha, aunque es bueno señalar que la Naturaleza ha agradecido mucho este "descanso".   Se ha limpiado la contaminación de las grandes ciudades, los animales han invadido las ciudades, el aire se ha vuelto más respirable.  Pero, ¿y el género humano?  Algunos se han dado cuenta de su dañino quehacer, tal vez han aprendido la lección.  Se dice que se han regenerado sentimientos de solidaridad y humanidad, mas, ¿continuarán cuando esta pesadilla haya pasado o al menos, se halle bajo control?

Tendremos que esperar el capítulo final para conocer la respuesta.  Solo les pido a todos que PERMANEZCAN EN SUS CASAS, pues la desescalada sólo significa QUE TENGO CAMAS PARA TI.

domingo, 20 de enero de 2019

Recuerdos de mi infancia...el colegio AÑORGA

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Cuando en 1907 se inició el proceso de urbanización de lo que más tarde sería el barrio de Larrazabal en la capitalina zona de Marianao, -utilizando para ello los terrenos propiedad de DINO POGOLOTTI-, mis familiares y amigos estaban muy lejos de saber , que en los mismos se ubicaría una escuela privada que llevaría por nombre "Añorga" y, en la cual, discurrirían algunos de los años más felices de mi infancia.

Este prestigioso centro educacional, sito en la Avenida de las Palmas entre las calles 47 y 49 ( hoy Escuela Primaria "Rubén López Sabariego) , compartiría terrenos con la Casa Quinta de Regino Trufin (actualmente sede del cabaret Tropicana)" Resultado de imagen de cabaret Tropicana habana

y con la Casa Quinta de los Gómez Mena en 78 entre 49 y 51, hoy sede de una oficina gubernamental.Resultado de imagen de cabaret Tropicana habana

El colegio "Añorga" ocupó las edificaciones construídas por las compañías inglesas dedicadas al establecimiento de los primeros ferrocarriles de la ciudad de La Habana y sus alrededores para uso de sus trabajadores.  En sus amplios salones que ocupaban toda la planta baja del edificio, se encontraban las aulas, un nutrido museo, infinidad de material didáctico (mapas, láminas, etc.) , un laboratorio bien equipado y hasta un aparato de proyecciones cinematográficas.  En unas aulas se impartían clases de enseñanza elemental primaria y secundaria, en español y en inglés, pues era una escuela bilingüe, y , además, se preparaban alumnos para su entrada directa al Bachillerato.  A pesar de ser una escuela laica, en el año 1958 me preparé junto a otros alumnos, para tomar mi primera comunión. 


Sus métodos educativos estaban a la altura de los más avanzados de su época -recuerdo que sus "castigos" consistían en la práctica de las habilidades aritméticas y de ortografía-, y la educación física ocupaba un lugar importante en la vida escolar de su alumnado.  Aún hoy recuerdo, cuando me incorporé a dicho centro, que era la única hembra en el aula, y nos tocaba jugar al béisbol, por lo que me correspondía ser el pitcher.  Más tarde, con la incorporación de otras niñas como mi amiga Asela, ya podíamos jugar al kicking ball.

Al final de cada trimestre, se celebraban actividades socio-culturales con la participación de los padres de los estudiantes, y en los que participaba con gran entusiasmo tanto alumnos como profesores y, a su vez, se nos hacía entrega de nuestros resultados y méritos escolares.

Mi arribo a este centro educacional tuvo mucho que ver con la no aceptación de mi matrícula en el colegio "La Luz" sito en el Vedado, en 25 entre L y M (actual ESBU Rubén Martínez Villena).  Aún resuenan en mis oídos las palabras de su otrora directora: " Sra, (dirigiéndose a mi madre), no es por mí, es por las otras madres".  Y era lógico, yo era una niña "bien", pero NEGRA.

Mi querida madre, lógicamente no se quedó callada, le respondió como se merecía, me tomó del brazo y salimos de aquel sitio donde se pregonaba el racismo, aunque no era ni con mucho el único centro educacional en que se practicaba.

Para ese entonces ya yo había sido alumna de la academia "Valmaña", sita en Prado.  Durante el tiempo que permanecí en ese centro disfruté muchísimo de las marchas estudiantiles y de mi permanencia en casa de mi madrina en Vapor, muy cerca del Parque Maceo, el cual para ese entonces, contaba con un parque de atracciones y hasta un pequeño teatro de marionetas.  Pero la escuela quedaba al lado opuesto de mi vivienda habitual, y mi madre, aprovechando la condición de masón de mi padre, me matriculó en la Escuela Nacional Masónica sita en el reparto Nicanor del Campo, en la que permanecí hasta 1954, fecha en que mi querido progenitor fue declarado "durmiente" y tuvieron que buscarme un nuevo centro escolar.

Es ahí cuando mi madre me matricula en ese magnífico centro que fue el colegio "Añorga" y donde gracias a las buenas prácticas de enseñanza de sus profesores y directivos, me convertí en gran parte de la persona que soy hoy.  Muchas gracias, "Señora", como le decíamos a la Directora y a mi maestra Isis Villa del Rey y, sobretodo, a la excelentísima profesora de profesores, Elisa Van der Hentz, a quien mi madre contrataba año tras año para perfeccionar mi dominio del idioma inglés y la que se convertiría en mi mentora y amiga por más de 40 años.  Por todo ello, GRACIAS

sábado, 15 de diciembre de 2018

Navidad, Navidad...Dulce Navidad



La época de la Navidad para mí siempre ha tenido un significado especial.  


Mis querido padres me enseñaron ,que aunque lo hacían durante todo el año, domingo tras domingo en casa de mi abuela Angelina, la época navideña ( diciembre-enero), era una época para compartir con familiares y amigos.  El aspecto religioso no era el fuerte de la reunión pues mi padre era masón y mi madre, una católica a su manera.
Y esa es la imagen que conservo con cariño en mi mente y en mi corazón.  El momento en que nos reuníamos todos a la mesa para compartir una cena en familia con parientes y amigos. 

Aún en los años más difíciles, por razones de enfermedad de mis padres o por otros motivos, tratábamos a toda costa de reunirnos en casa, si no a cenar, al menos a comer (almorzar)
con nuestros allegados.

Con el tiempo, fuimos quedando menos, por diversos motivos, pero aún así, seguimos reuniéndonos, lo mismo en casa que en casa de los amigos
y disfrutábamos un poco de esa época, en lo posible.  A veces, nos reuníamos un grupo del trabajo o de amigos y alquilábamos una cabaña o una casa en la playa, y allá nos íbamos a celebrar las Fiestas a Guanabo o al Mégano.  En varias ocasiones, mientras mi Tía Esther permaneció en Cuba, reservábamos mesa para unos cuantos en El Conejito y allí nos dábamos cita.  Por eso se convirtió en mi restaurante favorito.  Mi padre y un amigo, tuvieron la brillante idea de hacer una cría de conejos en el patio de mi casa, y como cuando no hay pan, se come casabe, en muchas ocasiones en vez de cerdo, comíamos conejo que nos encanta.

Por lo general, mi madre se encargaba ella misma de preparar la comida, a veces con la ayuda de Pancha, nuestra cocinera o Lucía, mi Tata querida.  Aunque los buñuelos los elaboraba mi madrina Josefina o su tía Martina.  La cena consistía, casi siempre en las grandes reuniones, de un cerdo asado en púa al cual Agustín, el esposo de mi madrina se encargaba de darle "la puñalá", ayudado por mi tío Cuso el día antes.  Había que oír los "berridos" del pobre animal.  ¡Daban pena!  Después de muerto, lavado y sin pelos, lo adobaban y , hasta el otro día, que o bien lo asaban allí mismo o lo llevaban a la panadería más cercana.  A su vez, se iban elaborando los frijoles negros o el congrí, las ensaladas, los dulces en almíbar (fruta bomba, casquitos de guayaba, casquitos de toronja, dulce de coco, mermeladas de guayaba y de mango, y algunas cosas más.  Y claro, no podía faltar la yuca con mojo y los buñuelos.Resultado de imagen de menu tipico cubano Ni tampoco, los tamales, el aguacate, las chicharritas, los plátanos fritos y los tan esperados CHICHARRONES, sobre todo por los bebedores de cerveza.

De estas fiestas, también recuerdo la reunión con los primos debajo del árbol para recoger nuestros regalos de Santa Claus.  Mi primo Ernestico nos maravillaba con sus "fuegos artificiales" : cogía estropajo de aluminio, lo amarraba a un cordel y le daba vueltas  en el medio de la calle mientras soltaban unas chispas que a mí me parecían divinas, y mi primo Miguelito explotaba fulminantes haciendo un ruido infernal.

Después del fallecimiento de mis padres y la partida de mis hijos, seguí reuniéndome con amigos y familiares, hasta que pude volver a celebrar estas fiestas con mi propia familia
Retomando así esta hermosa tradición familiar.

FELIZ NAVIDAD