domingo, 22 de noviembre de 2015

Y devine Instructor... que es hacerse promotor

Leer es un placer.  Y, si se trata de un libro  como EN EL CIELO CON DIAMANTES de Senel Paz, lo es aún mas. Con él disfruto de la lectura y de las imágenes que se agolpan en mi memoria.  Me parece estar ahí, en primera fila, observando el arribo masivo de jóvenes estudiantes. Los futuros beneficiarios del novedoso Plan de Becas, complemento de la finalizada Campaña de Alfabetización.  Jóvenes que "repoblarían" las calles del casi deshabitado Miramar, en busca de un futuro mejor.  Y, entre ellos, los integrantes de las primeras promociones de la recién creada Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA).

Jamás pensé, al recibir mi primer carné laboral del entonces Consejo Nacional de Cultura que, gracias a una mera cuestión burocrática,  con el devenir de los años, me convertiría en uno de ellos.  Cosas del Orinoco, que yo no entiendo ni tú ,tampoco.  Pero, ANSI ES LA VIDA.

Aunque en plantilla constaba como INSTRUCTORA DE TEATRO,  yo era en realidad una de aquellas chicas que "vivía del cuento" : era Narradora de Cuentos infantiles.  En calidad de tal, me ubicaron en los regionales de Plaza y Artemisa. Por  aquel entonces La Habana estaba dividida en Habana-Ciudad y Habana-Campo y teníamos que atenderlas a las dos.  Debido a esta dualidad, tuve la oportunidad de compartir y de conocer el día a día de aquellos trabajadores de la cultura.  Seres extraordinarios que se esforzaban al máximo y con un mínimo de recursos por desarrollar el arte y la cultura en sus comunidades.  Ëpoca de esplendor del movimiento de Aficionados con sus consabidas actividades en todo tipo de locales y plazas.  Pluridad de festivales: de base, regionales, provinciales y nacionales en las diferentes categorías: niños, jóvenes y adultos.  Eventos auspiciados por las organizaciones de masas y estudiantiles. y cuyos participantes gozaban de una licencia especial.  Toda una efervescencia cultural.  Fuente de talentos profesionales, de la que surgirían grupos como Moncada, Sierra Maestra , Rumores del Hórmigo.  Y, también  glorias de la cultura cubana: Daisy Granados, Alina Sánchez y algunos bailarines del Conjunto Nacional de Danza Moderna como Leonel Valdés; artistas plásticos de la calidad de Cecilio Avilés y García Peña y muchos otros que harían muy larga esta lista.

Artemisa, además del recuerdo que guardo de sus sabrosas pizzas y batidos de plátano y las largas horas de espera en la términal para ir y venir, es un lugar que considero trascendental en mi trayectoria laboral y personal.  Mi encuentro con Ramón Barata, por aquel entonces Instructor de Danza,  me introdujo aún más en el entrañable mundo del instructor y junto a él protagonicé uno de los episodios más extraordinarios de mi vida: una boda "relámpago" después de un noviazgo de siete días (mi boda No. 3).  No cabe duda, fue "amor a primera vista"  y aunque el matrimonio no superó los dos años de existencia, agradezco mucho lo que aportó a mi formación PERSONAL:  me enseñó a cocinar y a asumir la vida desde otra perspectiva; SOCIAL :me introdujo en su circulo de amigos que luego devendrían los mios para toda la vida  y LABORAL: me enseñó qué era un verdadero promotor cultural y, cuál su deber social.

Recorrí a su lado los caminos de la profesión:  preparación física y metodológica, seminarios, reuniones, actividades, festivales, participación en los Carnavales y festejos tradicionales y populares, además de otras facetas del quehacer cultural.  También conocí, de primera mano, anécdotas relacionadas con todo el riguroso proceso de selección que los condujo a él y a Héctor Téllez (ambos naturales de Santa Clara)  hasta las instalaciones que ocupaba la ENIA  en el otrora exclusivo hotel Comodoro.

Supe del selecto claustro de profesores actuante en el Centro en todas las manifetaciones: Teatro, Danza, Música y Artes Plásticas, integrado por personalidades de la talla de Antonia Eiriz y Humberto Arenal, entre otros.  De su cotidianidad y, fui participe de sus confesiones respecto a las "diabluras" que, como jóvenes al fin, tenían lugar entre ellos.

Nunca me sentí más felíz durante mi vida laboral que cuando compartí con los Instructores de Arte de los diferentes territorios. En especial, con los de las Casas de Cultura del Cerro, Plaza, la Habana Vieja y La Lisa.  Constituíamos una gran familia. De entonces data mi amistad con un gran número de ellos:  Bárbara, Livio, Zenaida, Yamila, Josefa, Nelsa, Cervantes, por sólo mencionar algunos.  Al igual, que con una buena parte de los metodólogos y personal técnico-administrativo relacionados con ellos., como Zulma y Ana Tania.

Pertenecer a la Brigada " Raúl Gómez García" fue para mí motivo de orgullo.  Muchos de mis compañeros recibieron Distinciones, Ordenes y Medallas conmemorativas por su ejemplar labor en el rescate y promoción de nuestro patrimonio cultural.  A mi me cupo el honor de ser la primera instructora de Arte en Licenciarse en la Universidad, elegida por sus compañeros del CNC Provincial Habana, en los cursos para trabajadores que obtuvo la Distinción V. I.Lenin otorgada por la CTC-R.

 Hoy, muchos de los integrantes de las nuevas  brigadas de Instructores de Arte, continuadores de aquellas primeras promociones, ejecutan su quehacer cultural dentro y fuera del país. Transmiten a las  nuevas generaciones sus valores ético- socio-culturales. Promueven el desarrollo del movimiento de  artistas aficionados en todas las manifestaciones y en todos los niveles sociales. Contribuyen a hacerle la vida más grata a niños, jóvenes y adultos,  mostrando que el arte y la cultura establecen fuertes vínculos entre los seres humanos, demostrando con ello que UN MUNDO MEJOR ES POSIBLE

Llegue a todos  ellos  mi eterno agradecimiento  por haberme permitido ser, entre ellos, UNO MAS.

domingo, 15 de noviembre de 2015

Paris en la memoria de una cubanita....Algo para recordar

1954:  Además de ser el Año de la Serpiente, fue un año de importantes eventos en el plano familiar:
- en el mes de marzo: nace mi hermana menor y termina mi reinado como hija única,
- en el mes de junio, da comienzo  una aventura similar a la de Julio Verne: la vuelta a una parte del mundo en 180 días.

Como mi hermana era muy pequeña para un viaje tan largo, mi padre decide que iríamos solamente ellos y yo... y comenzó a hacerse  realidad el sueño de todo niño...visitar aquellos lugares que sólo conoce por postales o la tele...

Partimos del Puerto de La Habana en el ferry Havana-Miami, arropados por familiares y amigos que acudieron a desearnos un feliz viaje.  Al llegar a Miami, continuamos el trayecto Miami-Nueva York por carretera.   En esta etapa, visitamos lugares tan interesantes como el mítico lugar en Washington desde el cual Martin L. King proclamara aquellas proféticas palabras en pro de los derechos de los negros norteamericanos:  "I have a dream..." y propugnara su odio a la violencia.

El arribo a la Gran Manzana fue impactante.  Los rascacielos, el intenso tráfico, las aceras colmadas de personas que iban y venían tan deprisa y las calles llenas de luces y letreros.  Los grandes salones y pasillos del hotel con sus alfombras rojas y grandes lámparas.   Apenas nos acomodamos en el cuarto reservado de antemano, mi madre me llevó a un gran centro comercial y me compró una muñeca que era casi tan grande como yo.   Después de una breve estancia en esta gran urbe, con las consabidas visitas al Central Park, el Empire State (en aquella época, el edificio más alto del mundo) y el concurrido China Town, nos embarcamos rumbo al Viejo Continente a bordo del trasatlántico  "Andrea Doria".

La travesía duró 9 dias, durante los cuales disfruté a plenitud de todas las comodidades que este enorme navío ofrecía: sus salones, su  piscina, el camarote y, sobre todo, del bar junto a la piscina de nuestra Cabin Class, en el cual el barman me preparaba una exquisita limonada "especial para niños"  cuyo sabor  aún conservo en mi boca.

Llegamos a Génova un precioso día de verano y pusimos rumbo a Roma. A lo largo del trayecto, tuvimos oportunidad de visitar la torre de Pisa, que a mi me dio mucho miedo porque pensaba que se iba a caer y nos iba a aplastar.   Una vez en la Ciudad Eterna, pudimos apreciar la belleza de la Capilla Sixtina, las aterradoras Catacumbas, tirar algunas monedas en la fontana di Trevi e imaginarnos al circo Romano en el Coliseo, con los gladiadores luchando a muerte por sus vidas.  Celebramos mi cumple en  esta hermosa ciudad y continuamos viaje hacia la Ciudad Luz: Paris.

París, con todo, resultó la más impresionante de las urbes visitadas hasta ese momento.  La vista de aquella   mole de hierro: la Tour Eiffel.  El ir y venir por los Campos Eliseos pasando por el Arco de Triunfo. El observar a orillas del Sena las pequeñas y grandes embarcaciones que surcaban sus aguas y, sobre todo, el entrar en contacto con aquellos paisajes de ensueño en los que, en mi mente, se desarrollaban los cuentos de hadas:  el Grand y Petit Versailles.  El inesperado encuentro con aquel inmenso ataúd en medio de aquel salón en la iglesia de los Invalides al lado del cual veía un sombrero que había pertenecido a Napoleón. Y todo esto, para una niña de mi edad resultó mucho más interesante que la visita al Museo del Louvre para ver la famosa Mona Lisa, con su enigmática sonrisa en aquel diminuto encuadre.

Pero, de todo esto, lo que guardo aún impreso en mi memoria son las imágenes de los souvenirs de las salidas nocturnas de mis padres por las alegres calles de París.  Los programas de los espectáculos del Moulin Rouge, el Folies Bergere y el Lido, por sólo mencionar los que más estimularon mi mente infantil.  Aquellas fotos en las cuales los bailarines y figurantes vestían ( o mejor, no vestían) su brillantes maillots mostrando gran parte de su anatomía al desnudo, meramente cubiertos por el maquillaje dorado que portaban causaron un gran impacto en mi imaginación. Ellas me dieron la oportunidad de conocer aquellas partes del cuerpo humano desconocidas para mi.

Y, aunque nuestro periplo no terminó aquí, es a esta increible ciudad, llena de música, arte, alegría y gente encantadora, a la que quiero dedicar mi entrada de hoy.  Es mi deseo dejar constancia de mi apoyo incondicional a esa ciudad y a su pueblo, no sólo por haber promulgado los valores que defendieron con la Revolución Francesa de 1789, sino por ser la Ciudad Luz, la que abre sus puertas y su corazón al resto del mundo brindándole la posibilidad de compartir esos valores conquistados a tan alto precio, y demostrarles que La Vie est Belle y vale la pena luchar por ella.

Viva Paris  !

domingo, 8 de noviembre de 2015

La suerte es loca...y en algún momento, a todos nos toca

Siempre he oído decir que "pisar mierda da buena suerte"...hasta Serrat lo asegura pero... ¿cuántos lo hemos podido comprobar en carne propia?

Hace unos años, estando aún en mi querido Alturas de Belén, me levanté muy temprano y me llegué a la bodega que me quedaba casi enfrente.  Antes de poder llegar al mostrador, mis pies se posaron sobre algo de textura indefinible y de muy desagadable olor.  El bodeguero, que era una gente muy simpática que siempre estaba de buen humor, me espetó la consabida frase.  Sin pensármelo dos veces, me fuí al punto  más cercano y me jugué algo de dinero al numero siete.  Y ¿sorpresa?... salió premiado y me di un fiestón.

En otra ocasión, después de la muerte de mi madre y en pleno Período Especial, mi entonces novio y yo , decidimos casarnos.  Sería la 5ta. boda. Pero habia un gran problema: no teníamos ni un quilo prieto partido por la mitad.   En esa época, era muy común buscar fondos utilizando "rifas". El número ganador dependía de la Lotería que se jugaba en Venezuela. Mi madre, me había dejado, entre otras cosas, unas cortinas de encaje.  Ni corta ni perezosa  se lo comenté a mi suegro y éste me dijo que él se encargaría.  Antes de marcharse con el paquete,  nos pidió que escogiéramos tres números. Yo escogí el 26, el 45 y el 48.  Llegada la noche y de regreso a casa, mi suegro me estaba esperando.  Llevaba el paquete en la mano y me dijo: "Aquí tienes".  Yo me quedé de una pieza, pues deduje lo peor.  Al ver mi expresión se apresuró a extenderme un sobre.  Dentro habían unos 3 000 mil pesos M/N.  Me dijo "ya yo cogí mi parte"  Yo seguía sin entenderle hasta que nos explicó, que cuando terminó de vender la rifa, cogió el dinero y lo apostó en un "candado" con los tres números que habiamos elegido...Y, como ya podréis suponer.... habían resultado ganadores....Y lo mejor, es que ese día, en el Centro de trabajo de mi compañero, también habían rifado unos jabones y como escogimos los mismos números, nos habiamos llevado el premio: Unos Jabones DOVE .  Díganme si eso es o no tener suerte.

El jueves pasado me fui a dormir a casa de mi hijo en Valencia capital.  Cuando me apee del Metro pasé por el kiosko de la ONCE que hay alli y ví un billete terminal 54...y pensé: "Bueno, yo soñé con comida mas en mi mente lo asocié al 45, pero este es el 54...y decidí no comprarlo...Mi nieto, mientras comíamos puso la tele  y estaban transmitiendo el sorteo de la ONCE  y....¿sorpresa?  Salió el terminal 54. A la mañana siguiente, me voy corriendo porque tenía que asistir a un seminario.  Al pasar por el kiosko, le comento al vendedor acerca del mismo y me contesta que a él aún no le han dicho nada.  Entonces, decido, como siempre, dar mi acostumbrado aporte a esta institución que tanto hace por los discapacitados visuales.  Pido dos rascas de 0.50 euros y uno del juego de las 7 y media.  Rasco el primero, nada,;rasco el 2do. y ¡vaya! me gano 0.50 euro.  Rasco el 3ro. : Primero, veo lo que tiene la Banca .- por aquello de que la banca siempre gana-...Caray...6 y medio...Pienso, a eso no le gana nadie.  Mas cuando rasco....!sorpresa!  Tenía las 7 y media.  Le gané a la Banca....Premio:5 euros.  En total, 5.50 euros.  y la satisfacción de saber que era una mujer con suerte.

Hace poco, estuvo de visita en mi casa un amigo cubano que vive en Italia.  Para entretenernos nos pusimos a jugar al dominó.  Las tres primeras datas, las ganó mi amigo.  Pero, las otras dos, las gané yo.  Y cuando me disponía a jugar la 3ra.  me dijo: "Se acabó el juego"  Yo le pregunté que por qué.  Y me respondiö: "Porque si ganas una más estaremos empatados y a mí, no me puede ganar una mujer"  Me sonó algo machista, pero comprendí que él también sabía que la suerte me acompañaba.

Pero, no sólo en el juego, también en mi vida personal.  Tuve unos magnificos padres y familiares en general, que me mimaron y apoyaron siempre. Unos hijos y nietos que son mi mayor orgullo.  La fortuna de haber nacido en esa Isla de la que Colón dijera: "...es la tierra más hermosa que ojos humanos vieran".  La dicha  de estar entre los que aún pueden disfrutar de sus amaneceres.  La posibilidad de tomar parte en tantos y tantos eventos y acontecimientos que hicieron historia .  El haber recibido una esmerada educación a cargo de excelentes profesores.  Disfrutar de una vida amorosa extensa y plena en la que logré algo que pocos han alcanzado: conocer y compartir con su "alma gemela".  El placer de realizarme como profesional y tener la oportunidad de trabajar y estudiar junto a verdaderas estrellas en todas las ramas de la Cultura, no sólo de mi país. El honor de participar en proyectos novedosos que aportaron mucho a mi formación y sobre todo, tuve la suerte de conocer a esos AMIGOS que todos los domingos, toman un poquito de su tiempo para leer todas estas vivencias que con ellos deseo compartir.

Y ahora, díganme, si soy o no UNA MUJER CON SUERTE.

Hasta la próxima.  Feliz Domingo.




domingo, 1 de noviembre de 2015

Mis Santos Inocentes de Alturas de Belén

Son las diez de la mañana.  Enciendo el televisor para disfrutar por enésima vez de mi serie favorita"Mujeres Desesperadas"  Hoy, es el último capítulo y cuando termino de verlo me percato de que por primera vez cobra sentido para mí aquella frase que una vez oí:  "Qué solos nos dejan los muertos"

 Y, me imagino como Susan. dando una última vuelta al reparto en el que transcurrieron los primeros 62 años de mi vida.

Subo por 78  y  antes de doblar la esquina de 55 escucho a mi amiga Victoria interpretar al piano una de aquellas melodías tantas veces compartida, mientras en la acera de enfrente están mis queridos Nora y Lavin, preparando, una vez más, los bultos de su próxima permuta.  No más doblar la esquina, está Doña Vicenta, como siempre, toda vestida de negro sentada en su blanco sillón.  Desde allí, contempla a su hija Amalia regar las plantas y a su yerno Jaime sacarle brillo a su super cuidado Opel rosa.

Sigo mi camino. Doña Encarnación,  en su portal,  espera el regreso de su marido que es taxista y de su hijo Evaristo.  Mientras, desde detrás de la reja de la ventana su nuera Clotilde contempla la escena y me da las buenas tardes.  Justo antes de llegar a mi casa, sale a mi encuentro Isabel con una bandeja de sus exquisitos tamales y me invita a probarlos.  Alzo la vista y me percato que desde el pasillo superior Lina observa a Carlos conversar con Coro a la espera del retorno de su marido, Tico.

Ante la escalera de mi casa, me aborda Héctor y me invita a que opine sobre su obra más reciente , y observo que Norma está enfrascada en devolver a una muñeca su look original.  Cuando logro llegar a mi casa, saludo a mi padre que está frente a su mesa.  Ejecuta un proyecto para algún vecino.  Mi madre, a su lado , no cesa de darle al pedal de su querida máquina de coser.  Me pregunta cómo me fue el día y si ya Lorenzo regresó.  Acto seguido cojo la libreta, me llego a la bodega y saludo al viejo Alfredo,a Roberto y a Victor, los bodegueros.  Detrás de mí escucho una voz que dice: "Todos los pájaros comen arroz y el totí carga la culpa".  Me viro y veo a Pastora avanzar con sus muletas en compañía de su hijo mayor, recién llegado de USA.
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De regreso , me topo con Mirta que barre la calle y le pregunto por Villita y por Teté.  Justo  en  ese momento  llega Beto en su bici y le recuerdo que tenemos dominó a las tres.  Al llegar a casa me doy cuenta que debo pasar por la  de Toñita a recoger unas camisas.  Salgo y saludo a Carlos y a Blanquita, que se solazan en su portal.  Ese mismo portal donde, años más tarde, Irene dará de voces a su nieta y la otra Irene se sentará a coger el sol en sus piernas.  Atravieso la calle y me tropiezo con Pirolo que acaba de llegar de sus clases de química.  Saluda a Edilia que espera el regreso de su nuera de España a la vez que su suegro, Miguel, baja la escalera maletín en mano para intentar arreglar el viejo Admiral de mi papá.

Nuevamente en casa, pienso que debo saludar a Doña Macusa.  Me llego hasta su casa justo a lado de la de Martha y de Nelsito. Sentadas en el salón nos llega, como un eco, el sonido de las piezas que interpreta Hortensia. Ante mi, surge la imagen de Jesús, ese joven bombero que en una noche de juego perderá a la ruleta rusa.  Y no tendrá la oportunidad de conocer a  aquel otro joven que, durante su Servicio Militar Obligatorio, ofrecerá su vida por salvar la de otros y de quien su abuelo Moré estaría siemmpre orgulloso.

De vuelta a casa, observo que Julio está en su portal vigilando su camión, temeroso de que  Ezequiel le dé un golpe con su rastra.  Escuchamos el sonido inconfundible de la super-casetera de Luis que viene por la acera y a quien Marta le brinda su mejor sonrisa.  Albertina observa benevolente la escena, aunque un poco preocupada por la tardanza de Ochoa y porque no ha visto en todo el día a su vecina Zaida.

Sentado en el escalón del pasillo me encuentro con Chala, le pregunto por Migdalia , la jimagua y por Zenaida.  Patria, desde la otra acera, se pelea con los chicos de la cuadra ante la mirada aprobatoria de Rosa y de Emma.  Se acerca Linares al grupo para invitarlos, a todos, a la próxima sesión de trabajo voluntario.

Veo a Victor, el marinero y le recuerdo que él , Delia y yo tenemos un compromiso para nuestro ya cercano cumpleaños : la comida va por mí pero, la bebida va por él.

Por fin, ya en casa, me siento en mi portal y contemplo a todos y cada uno.  Guardo en mi memoria incontables recuerdos y vivencias en las que todos y cada uno ha jugado un importante papel. A todos he brindado un lugar en mi mente y en mi corazón.  Se que no están todos los que lo merecen y por ello, pido mil disculpas.

Poco a poco, sus figuras se desvanecen, y entonces llego a comprender  lo solos que nos dejan los muertos.







domingo, 25 de octubre de 2015

¿Creer o no creer?...casos y cosas insólitas

Por diversas razones, mi formación personal ha tenido un carácter mas bien escéptico.  Sin embargo, el afrontar diversos acontecimientos a lo largo de mi vida me han hecho pensar que existen cosas más allá de toda explicación racional.  Y , como casi siempre sucede:  "Al que no quiere caldo, tres tazas".

Mi niñez, bastante placentera, no estuvo exenta de momentos en que sin duda alguna, tomó parte activa mi Angel Guardián.  A los nueve meses, fecha en que ya caminaba  con bastante soltura y teniendo las piernas enyesadas por terapia correctiva, me las agencié para subirme a la azotea de la casa .  Estando casi al final de la misma y  en un giro inesperado, me vi rodando escaleras abajo ante la mirada atónita de mi madre y mi cuidadora. Pero cual no sería su sorpresa al percatarse de que, a pesar de la aparatosa caída, no tenía ni un arañazo.   Otro tanto ocurrió cuando, al cumplir los 3 años de edad, me subí al Hudson propiedad de mi padre por aquel entonces. Y, nadie sabe cómo, puse en marcha el auto. En el interior del mismo me vi  yendo calle abajo hasta el Hueco (55 y 80)   y por mucho que corrieron no pudieron alcanzarme hasta que el auto paró por si solo al embarrancarse...¡Menudo susto! pero , de nuevo, milagrosamente salí indemne.  

Ya mayorcita, en el año 1954, mis padres decidieron hacer un recorrido por el mundo y me llevaron con ellos.  Durante nuestra estancia de verano en USA, fuimos a visitar el Parque de Diversiones de Long Island y, como casi siempre pasa, ante la menor distracción de mis padres, me puse a andar y, me perdí en la multitud.  Mis padres angustiados pidieron ayuda a la policía, quienes me encontraron tranquilamente sentada en la arena jugando con la arena, como acostumbraba a hacerlo en las playas de mi Cuba.  Pero esta vez fue diferente.  Mi madre reaccionó muy alterada. Me imagino que por el grado de tensión al que estuvo sometida.  Y me puso las posaderas al rojo vivo...Lógicamente, aprendí la lección, pero no dudo ni por un momento que en  este caso también intervino mi Angel de la Guardia.

Siendo una adulta me he visto envuelta en episodios a los cuales no he podido dar una explicacion más allá de lo inexplicable.  Incluso he llegado a pensar que voy a saber cuál será el ultimo día que vea la luz del sol ( y no por las cataratas),

Me imagino que no soy la única a la que le han sucedido cosas como éstas, pero aún así, su existencia sigue siendo un enigma para mí.  Desde muy joven comprendí que algo fuera de lo normal me sucedía porque, no más pensar en alguien a quien hacía algún tiempo no veía o no sabía de él, era motivo suficiente para que durante ese día recibiera o bien una llamada o bien su visita.   Incluso, durante mi 4to matrimonio, mi esposo y yo teníamos una confianza infinita el uno en el otro, a tal punto, que pocas veces nos preguntábamos sobre nuestros compromisos durante el día o la noche.  Sin embargo, para mí esto no era  un problema, porque bastaba media vez que pensara en él, para que me lo encontrara en los lugares más disímiles sin que yo lo esperara y sin que él se diera cuenta. (Que conste que no lo estaba espiando jaja)

Estas percepciones fueron yendo a más, y un día, durante mi 6to matrimonio, estaban conversando en la sala de mi casa una amiga y mi esposo.  Yo estaba en la cocina preparando un café.  De pronto, me asomo y les digo: "Va a sonar el teléfono.  Es Fulano...Va a decir tal cosa.  Respóndanle esto otro" y no habia terminado mis palabras cuando sonó el teléfono y todo sucedió como les había dicho.  Se quedaron que no sabían que decir.   Fue algo inesperado.  Jamás pude darles una explicación.  Simplemente, sucedió.

  En otra ocasión, estábamos sentados unos amigos y yo en la sala jugando dominó y les conté que habia soñado que alguien (una figura femenina, tal vez una orisha) me había comunicado que el bebé que traía la esposa en su barriga era una niña, que nacería tal día, a tal hora, que pesaria tanto, que debía nombrarla de tal modo y que yo debia ser su madrina. Todos me miraron de forma incrédula.  Pasaron los meses y otro dia, que también estaban en mi casa compartiendo, le entraron unos dolores bajo vientre a la esposa.  Yo les dije que no se preocuparan, que aún faltaban dos días para la fecha que me habían dicho.  Ellos, temiendo lo peor, decidieron ir a Maternidad de Linea.  Cuando llegaron, el médico que los atendió les explicó que aún no estaba de parto pero, que prefería dejarla ingresada por si acaso.   Dos días después, tal como me habían vaticinado, tuvo lugar el parto a la hora referida y la niña, tenía casi el consabido peso al nacer.  Les recordé, cuando fui a visitarles, que debían cumplir con el resto de la profecía.  El día del bautizo, me enteré que habían decidido que la madrina fuera su hermana pero, que yo podría ser la madrina de brazos y en cuanto al nombre, no se lo pusieron oficialmente, pero cuando el cura comenzó a decir el nombre yo agregué el que faltaba.  Dicen los creyentes que la desobediencia se paga cara y, desgraciadamente en este caso fue así.  Los padres, que mantenían una preciosa relación, se divorciaron y la niña, sufrió ampliamente a causa de esa separación.

Aunque este suceso no tuvo un final feliz, al menos no fui la portadora de noticias tan terribles como sí había sucedido un tiempo antes.  

Durante el primer año de mi 7mo matrimonio, yacíamos mi esposo y yo en la cama durmiendo cuando de pronto me desperté muy sobresaltada.  Me giré hacia él y le dije: "Va a sonar el teléfono, cógelo, es para tí. Te espera una mala noticia"  Efectivamente, a los pocos segundos sonó el timbre.  Era su hermana que quería informarle que su sobrino había sido agredido, lo estaban operando pero, estaba en estado crítico. Ante su reacción, no quise comentarle que había tenido un sueño en el que había visto, como espectadora, a las mujeres de su familia todas de luto riguroso saliendo de un portón de estilo sureño y encaminándose hacia lo que parecía una sepultura bajo un árbol muy frondoso.  En el sueño, me giraba y ante mí aparecía un vendedor ambulante de bollitos de carita que intentaba venderme alguno.  Dije no y me desperté.  Una vez que mi esposo se marchó al hospital, llamé a un amigo y le pregunté sobre el significado del sueño.  Este me respondió que soñar con comida y sobre todo, con bollitos de carita, significaba muerte.  Y resultó cierto.  El joven no sobrevivió a la operación. Fue un suceso muy doloroso para familiares y amigos y me llevó mucho reponerme por haber sido portadora de tan nefasta noticia.

Después, he tenido otras experiencias que podríamos nombrar como "sobrenaturales", pero ninguna con tan terribles consecuencias como la antes referida.  Y todo ello me ha llevado a reflexionar sobre mi escepticismo, pues como decía Santo Tomás, ver para creer o vista hace Fé  y en mi caso, como ya dije antes, al que no quiere caldo, tres tazas.

Una vez más, agradezco vuestro tiempo y vuestra paciencia.  Ah, y tambien, vuestra amistad.

Hasta la próxima.  Feliz Domingo.


  

domingo, 18 de octubre de 2015

¡Que no cunda el pánico...Miedos, fobias y temores

Todos sabemos que el miedo es una reacción instintiva ante lo desconocido.  

En mi caso, he vivido condicionada por dos grandes temores que al final devinieron fobias:

- el miedo a ser enterrada viva (surgido a raíz de la lectura de un cuento de Edgar E. Poe, en plena adolescencia y alimentada por numerosas leyendas de posibles casos, como el de Roberto Faz o Joaquín Pardavé) y

- el miedo irracional a esas criaturas de cuentos de hadas que, aunque para mí, de aspecto desagradable, reconozco que son de las más inofensivas y útiles que habitan nuestro planeta:  LAS RANAS.

Mi madre solía preguntarse cómo era posible que a una persona, que le tenía tanto miedo a las ranas, pudiera gustarle tanto el comer ANCAS DE RANA.  Pero, es que la "gimnasia" nada tiene que ver con la "magnesia".  Y el hecho de que me encanten las susodichas y las considere un exquisito manjar es, a la larga, una de las consecuencias de la fobia que me creaba la sola visión de una de ellas.

El considerarlas unos seres algo repulsivos debe estar en relación directa con la sensación de frialdad que produce el mero contacto con su viscosa piel.  No puedo decir qué lo desencadenó.  En mi casa, era mi Madre quien "sacaba" las ranas del baño (su lugar preferido).  Si el miedo puede ser inducido o hereditario, pues suponed la respuesta.

En la misma medida en que me fui haciendo mayor, se acrecentaba mi fobia.  Intenté dominarla, tal como había hecho con el hábito de fumar.   Mi mente hizo su mayor esfuerzo  pero, falló en el intento.  Llegué, incluso, a colocar una rana roja (de plástico) en mi mesita de noche y hasta hacer de la Rana René mi personaje favorito pero, no bastó.  En cuanto se acercaba la noche se incrementaban mis temores de que estando tranquilamente sentada en el sofá o yacente en la cama, pudiera saltarme encima.-  desde el jardín y a través de las tablillas de las ventanas-, alguna de esas inquietas criaturas. Incluso, en la cocina, la posibilidad de encontrar una de ellas escondida en alguna vasija me hizo tomar medidas drásticas: coloqué paneles de tela metálica a todo lo largo y ancho de mi casa y sólo así, comencé a respirar un poco y conseguir dormir sin sobresaltos.  Llegué, inclusive, a considerar como una condición sine qua non a la hora de buscar pareja que ésta fuera capaz de "coger" a dichos intrusos y expulsarlos sin miramiento y, cuando no tenía pareja, contaba con la "colaboración desinteresada" de dos amigos, quienes estaban dispuestos a correr en mi auxilio a cualquier hora del día o de la noche para librarme de tan "aviesa" amenaza. 

El temor a su posible contactó me dominó de tal forma que, en una ocasión, a punto de salir a dar un paseo con mi pequeña, se interpuso entre nosotras una de estas "adorables" criaturas. Quedé literalmente paralizada.  No podía ni hablar ni moverme.  No quería alarmar a mi pequeña ni contagiarle con mis miedos...pero estaba en estado de shock:  sin saber que hacer ni que decir.  No ha sido ésta la única ocasión en que me he sentido así.  Aunque en otras ocasiones, sucedía lo contrario:..me daba por echar a correr incluso, en medio de una ducha sin parar mientes en que estaba como Dios me trajo al mundo.

Este miedo casi paranoico me persiguió durante muchos años (casi hasta que decidí venirme a vivir a España).  Por su culpa tomé decisiones que afectaron mi vida, como por ejemplo, cuando decidí no estudiar Medicina porque supe que en los laboratorios se hacían prácticas con dichos animalitos.

Durante mi época laboral, los Trabajos Voluntarios de Fin de Semana o Quincenales eran algo muy común y necesarios si querías acumular Méritos Laborales.  Por lo general, de desarrollaban en el sector agropecuario y siempre estando en ellos prevalecía el temor de tener que enfrentarme a ellas en los albergues, las letrinas, las duchas o en los campos.  Y por aquello de que:  al que no quiere caldo, tres tazas...las susodichas hacían acto de presencia por todas partes,  me caían encima y hasta  estuve a punto de atragantarme con una que se introdujo en mi jarro del café.  Por ello, no acudía a ningún lugar sin un "ángel protector" que estuviera bien dispuesto a deshacerse de tan  malévolas" criaturas. Y antes de dormirme, "sellaba" bien el mosquitero, revisaba la litera con la linterna y no me levantaba hasta el toque de diana.

Estoy convencida de que el miedo irracional nos lleva a cometer acciones absurdas.  Por los años '90, durante mi 5to matrimonio, trabajaba y residía en la zona del Guatao.  El baño de la casa, cuyo techo no estaba completamente cerrado por los costados, era un "paraíso" para los susodichos seres.  Había allí, en los tabiques, toda una colonia y su croac croac era un canto infinito.  Tan era así que, si en algún momento sentía una necesidad imperiosa, en vez de ir al baño me iba al patio.  Mi suegra que observaba mis movimientos, un día me comentó: "No entiendo lo que haces.  Salir ahí a estas horas puede ser muy peligroso"  (Cerca de allí había una Granja de Reclusos y ya habían tenido lugar penosos incidentes)..."Además, el patio está lleno de ranas"  A lo que yo respondí:  "Si, lo sé pero, yo no las veo".

Mi vida llegó a convertirse en una eterna pesadilla. Vivía condicionada por el miedo.  Y decidí plantarle cara.   No, no iba a "cogerlas" pero sí les demostraría quien era la más fuerte y que por mucho que se esforzaran no podrían conmigo.  Así que, me fui a la Plaza del Mercado, compré una sarta de ANCAS DE RANA y le pedí a mi marido que las preparara y las friera para el almuerzo.   Y, una a una, las devoré. 

Convertí así una derrota moral en una victoria... pírrica pero, victoria al fin.









domingo, 11 de octubre de 2015

De las calles de mi Habana: el Callejón de Espada

Quiso la casualidad, que allá por los años '20 del pasado siglo, mi Tío Abuelo Alonso  decidiera comprarse una casa en el número 6 del Callejón de Espada entre Chacón y Cuarteles en la hoy llamada Habana Vieja, Patrimonio de la Humanidad . Esta calle.- que en un principio se llamó calle del Ataúd debido a que su forma de  manzana triangular semeja la tapa de un ataúd-, recibió más tarde el nombre de calle de Espada porque, según la leyenda, en ella residió el Obispo Espada, en la casa que actualmente ocupa la Sociedad Dante Alighieri.

A esa casa, algunos fines de semana, me enviaba mi mamá a compartir con mi  Tia Abuela Manene, Mi Tata Celia y mis primas Yolanda y Gilda.  Era una modesta casa de 4 habitaciones, sala, comedor, cocina con sus fogones de carbón, baño,y un bello patio interior rodeado de plantas, en el que habitaba una eterna tortuga y al que se  podía acceder directamente desde los dormitorios.

Las habitaciones, de muy alto puntal atravesado por gruesas vigas por las que en la noche se oía caminar a los "guayabitos", estaban separadas por mamparas de ricos arabescos y en el comedor caían los rayos de sol de diversos colores cuando traspasaban por el vitral que separaba esta estancia del patio interior. El antiguo reloj de Cuco que había en el comedor regía cada minuto de nuestras vidas.  En el salón, señoreaba un precioso conjunto de rejillas compuesto de sofá, dos butacas y dos sillones, de caoba barnizada todo tallado a mano con su mesillas a juego.  Ahí solíamos reunirnos la pandilla del "Callejón": Yoly, Gilda, Gilda, la larga, Geovanny, Paquito, Jesús y hasta aquella magnifica cantante fallecida prematuramente: Caridad Cuervo, quien compartió muchas de nuestras veladas al ritmo del rock'n roll, y que fue nuestra entrañable amiga, al igual que su hermano.

Nuestros fines de semana se iniciaban los sábados cuando el "mercado" de carretillas ambulantes comenzaba su ajetreo, y Cuadrado ( con su camisa anudada) y Julia, (con su tabaco en la boca),  montaban su tarima para vender el "maíz molido y las hojas para tamales ".  Y también, naranjas de china recién peladas en su "maquinilla".  Junto a ellos, a lo largo del Callejón, se apilaba el resto de las carretillas con sus productos frescos y listos para ser vendidos.  Y el Callejón se convertía en una animada reunión de vendedores ambulantes al compás de sus llamativos pregones.

No más levantarnos, a una de nosotras nos enviaban a buscar el pan fresco a la panadería de la calle Chacón y a las restantes nos entregaban "el paño, el plumero y el pomo de Tumbler"  y a frotar hasta que los muebles estuviesen relucientes y sin una mota de polvo.  Después de terminada nuestra "jornada laboral", lo mismo Manene que Tía Tata nos llevaba a alquilar bicicletas a Cuba 8 para montarlas en los alrededores o nos llevaba a montar patines (aquellos famosos Unión 7 que después se convertían en chivichanas) al Parque de la Avenida de las Misiones, frente al antiguo Palacio Presidencial.

Antes de almorzar .- Manene era de ascendencia china, asi que las "verduras" eran plato frecuente.- nos metían en la gran tina del baño con sus patas de león, una a una, y venía Tia Tata con su crujiente estropajo casero y rasca que rasca para sacarnos el "churre" de la semana.  Cuando nuestra piel ya estaba reluciente, y con los pijamas puestos,  almorzábamos en la pesada mesa de estilo español con sus patas serpenteantes y después de una corta "siesta" (que ninguna cumplimentaba) nos vestían de "domingo" y a la calle.

Unas veces nos llevaban al cine Verdún donde el momento más esperado era cuando corrían el techo y se podían ver las estrellas. Y, después, a tomar helado de frutas naturales a la heladería china que quedaba en la esquina de Zulueta y Virtudes.  Otras, a caminar por la calle Obispo a "ver las tiendas" y a merendar en el "Ten Cents".  Pero algunas, de las que guardo un recuerdo muy especial, nos llevaban al Palacio de Bellas Artes, en aquel momento un museo no especializado donde me quedaba "embobada" mirando los objetos allí expuestos de la época colonial, sobre todo, el vestuario  exhibido en los maniquíes.  Me hacía sentir como en un maravilloso viaje a través del tiempo.  Y hoy por hoy me pregunto qué fue de ellos, pues en mi continuo deambular por museos y museos, no he logrado verlos de nuevo.

En ocasiones, íbamos a visitar a otras familias de la zona y guardo un recuerdo muy especial, de las visitas a casa de Isabelita, una chica de nuestra edad cuya madre era sombrerera y que padecía un trastorno neurológico, con dificultades en el habla, pero que compartía y se divertía muchísimo en nuestra compañía. Su partida a Estados Unidos en los años '60 nos dejó un amargo sabor de boca pero nuestros momentos compartidos se mantienen vivos en nuestra memoria.

El Callejón, además de formar parte integrante de nuestra adolescencia, es actualmente un lugar muy solicitado para la realización de video-clips tanto por artistas nacionales como extranjeros... Influye en ello, quizás, el hecho de que en una de sus esquinas confluyen cinco calles, o que se encuentra a pocos pasos de la Loma del Angel o que es una de las calles más pequeñas de la Habana Vieja y a su vez, la única conservada originalmente.

De mi paso por el Callejón solo quedan los recuerdos, pues mi familia con excepción de mi prima Gilda, hace mucho que abandonó este Valle de Lágrimas.  Llegue a ellos, dondequiera que estén, mi eterno agradecimiento por haber hecho de mi adolescencia un mundo poblado de bellos e inolvidables recuerdos.

Y a Uds. una vez mas, por su paciencia para compartir estas entrañables memorias, mis más sinceras GRACIAS.

Hasta la próxima.